Madre dejaba a su bebé durmiendo en el fregadero toda la noche, pero era la única forma

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Qué alegría sientes cuando vas a tener a un hijo, todo lo preparas de la mejor manera para recibir a tu pequeño. Es una experiencia que llena tu corazón de felicidad y le da un giro total a tu vida, serás madre y este es un rol muy importante, quizás el que más responsabilidades acarre y más satisfacciones te dé.

Stephanie Smith al igual que muchas mujeres también vivió esta linda experiencia, en su embarazo todo era dicha y felicidad. Algo que cambió drásticamente con el nacimiento de Isaiah Quinn un bebé que llegó con una condiciones diferentes para vivir y que ocasionaron que su madre en muchos momentos deseara su muerte.

¿Cómo es posible que una madre quiera que su hijo muera? Suena descabellado, pero basta con adentrarse en esta historia y comprender lo que allí sucedía. El pequeño que debía estar en medio de caricias y besos, quien debía estar disfrutando de sus primeros días de vida, empezó a vivir la tragedia más grande que un ser pueda tener, su salud no era la mejor y esto era verdaderamente insoportable.

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La madre al ver a Isaiah en estas condiciones cayó en depresión y desesperación, sólo deseaba encontrar la cura para su hijo, pero no había sido posible. Un simple enrojecimiento en una mejilla pasó a ser una enfermedad grave y devastadora, agrietamiento y sangre en la piel del niño era lo que se observaba, el dolor era evidente y ni tocar se podía.

Lejos quedaron las caricias y los mimos, el niño no toleraba nada, su llanto de dolor era desgarrador. Los médicos al observar le diagnosticaron eccema que es una enfermedad de la piel, la cual causa manchas rojas e intenso picor. Una crema con esteroides era el tratamiento indicado. Siguiendo las instrucciones del pediatra Stephanie aplico la crema y al poco tiempo cedieron los síntomas, pero unos días después todo se agravó aún más.

Ella seguía aplicando la crema al pequeño, pero algo extraño sucedía. Pues resulta que era alérgico a este tipo de medicamentos. Era sensible a suavizantes de ropa, cremas, jabones, champú, perfume y otros químicos. Algo que había que alejar totalmente del infante.

La piel del niño empezó a colocarse color azul y a oler muy feo, ya no daban esperanzas y Stephanie se sentía agotada, había perdido 10 kilos de peso y su esposo trabajaba incesantemente para garantizar los cuidados del niño.

En medio del desespero esta mujer decidió colocar al niño en agua y vio cómo su rostro mostraba tranquilidad, algo loco pero así era. Así que día y noche y con la autorización de otro médico decidieron interrumpir la crema y mantenerlo en agua, pues sorpresivamente su piel empezó a mejorar poco a poco.

Por fin Isaiah daba muestras de sanación, su piel era como la de todos a su edad. Su risa y su alegría empezaba a alegrar el  hogar y su vitalidad se fue acrecentando, un cambio positivo y sorprendente en la salud del pequeño.

Hoy con dos años de edad se encuentra sano y muy juguetón. Nos enseña que es bueno buscar la opinión de varios médicos cuando no se obtienen los resultados o empeoramos en nuestra salud. Si bien los médicos son nuestros ángeles, debemos reconocer que son humanos y se pueden equivocar.

 

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